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LAS PUERTAS FEBRERISTAS DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL

15/02/2011

Puerta del Conde

Puerta del Conde. Foto de Julio González en 'Santo Domingo Colonial: Guía Monumentl'.

El tema de la puerta continúa en febrero, llamado así porque en la antigua Roma se hacían los sacrificios de expiaciones -februarum- para alejar las fiebres anuales que asolaban a los habitantes de la ciudad, fundada a orillas del río Tíber por dos héroes culturales, Rómulo y Remo, quienes, según la tradición mítica, fueron amamantados por una loba.

En República Dominicana, febrero es el mes de la fundación de la patria, y en su establecimiento han jugado un papel importante dos puertas de la ciudad: la Puerta del Conde o Baluarte 27 de Febrero, y la Puerta de la Misericordia. En torno a ellas se forja el mito fundacional de la patria.

Bernardino de Meneses Bracamonte y Zapata, Conde de Peñalva, quien llevó a cabo la defensa de la ciudad de Santo Domingo durante la invasión inglesa de 1655, le da nombre a esta puerta, conocida también como el Baluarte 27 de Febrero. La parte más preciada de ella es el denominado “Altar de la Patria”, colocado en un sobrio mausoleo de mármol, donde yacen los restos de los proclamados Padres de la Patria: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, que conforman la Trinitaria nacional. De ellos se puede decir a plenitud la sentencia latina que adorna el frontispicio de esta puerta: “Dulce et decorum est pro patria mori” (Dulce y decoroso es morir por la patria).

En la puerta de la Misericordia, llamada también Puerta Grande o Puerta de la Sabana, que data de mediados del siglo XVI y principios del XVII, se reunieron los patriotas conjurados la noche del 27 de febrero de 1844 y de allí marcharon hacia la Puerta del Conde. Allí, armados de patriotismo, proclamaron la independencia nacional o separación de Haití. Y allí se enarboló por primera vez la bandera dominicana, enseña tricolor símbolo de la dominicanidad.

Ambas puertas, que servían de entrada y salida a la ciudad de Santo Domingo, eran parte del amurallado de la misma, en el lado occidental, y juntamente con la Puerta de la Mar o de San Diego y la Puerta de las Atarazanas, frente al río Ozama, constituían las cuatro puertas más importantes de la ciudad. Para entrar a ellas era necesario pronunciar el “santo y seña” o clave secreta de acceso a Santo Domingo.

La Puerta de la Misericordia y la Puerta del Conde traen a la memoria los albores de la patria y el ardor febrerista de unos heroicos hijos a quienes se atribuye la fundación de la patria. Ahora nos resta defender los derechos de los más débiles, de los que han tenido menos oportunidades para desarrollarse física y espiritualmente y de aquellos cuyos derechos humanos están siendo ignorados o pisoteados.

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