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El negro detrás de la oreja y la dictadura estética del “pelo bueno”

15/04/2012

Por Carlos Hernández Soto

Recuerdo haber visto en mi niñez cómo las mujeres dominicanas de “pelo malo”, es decir, de cabello duro y ensortijado, acostumbraban alisarse el cabello “pasándose el peine de hierro” tras ser calentado en un anafe al carbón. Esta costumbre pervive todavía en el siglo XXI, ahora con la tecnología moderna utilizada en los más de 50,000 salones de belleza diseminados en toda la geografía nacional. Esos salones son frecuentados también por las mujeres de “pelo bueno”, es decir de cabello lacio.

¿Hablar de “pelo bueno” y “pelo malo” tiene en República Dominicana una connotación étnico-racial?, ¿o esta connotación es un puro invento de los afrodominicanistas y etudiosos de los temas afroiberoamericanos convertidos en militantes anti-racistas? ¿Alude el pelo bueno (pelo lacio) al cabello de los “blancos”, con quienes los dominicanos se quieren identificar, y el pelo malo (pelo duro) al cabello de los “negros”, de quienes quieren renegar?

Ginetta Candelario, en su acucioso libro Black behind the Ears: Dominican Racial Identity from Museums to Beauty Shops (2007), nos permite ver que estas expresiones (“pelo bueno” y “pelo malo”) tienen una explícita relación con reproducción, raza y estética. El siguiente diálogo lo denota (p. 215):

J: You don’t look Dominican.

G: Why not?

J: Because of your hair.

G: How so?

J: Because it’s so soft, so fine, so good.

G: And we Dominicans aren’t like that?

J: No. We have bad hair, hard hair.

G: What makes pelo bueno?

J: That it’s easy to take care of. That you don’t have to work so hard. That it’s pretty. I’m very racist. I don’t want to know about blacks.

G: Which blacks?

J: None. Because I don’t like hard hair. I want to have a baby like yours, blond and white. Although I shouldn’t be like that since I have Haitians race myself, but anyway… I’ve been mistaken for Indians, Arab, Moroccan.

Candelario subraya que en este diálogo, sostenido en un salón de belleza localizado en la Avenida St. Nicholas de Washington Heights en Nueva York, hay una enorme ambigüedad sobre raza y reproducción y en él subyace una gran ambivalencia social, caracterizada por un simultáneo deseo de decir y hacer cosas opuestas bajo el entendido de que negro e hispano son “dos cosas opuestas” (p. 261).

Este estudio, de peculiar enfoque, aporta novedosos e interesantes matices acerca de la construcción de la identidad racial, étnica y cultural de la República Dominicana.

Gerald Murray y Marina Ortiz, por su parte, en Pelo bueno, pelo malo: estudio etnográfico de los salones de belleza en la República Dominicana (2012), han llegado a conclusiones diferentes. De entrada subrayan que en pocos países hay tantos salones de belleza en proporción a la población y en pocos países las mujeres van tanto al salón. Se preguntan porqué. Y responden: Porque la mayoría de las mujeres dominicanas tienen el pelo rizado y lo quieren liso.

En su estudio sobre los salones de belleza, Murray y Ortiz sacan las siguientes conclusiones:

1) Los salones de belleza de República Dominicana son centros de socialización con sus propias reglas y comportamientos de los que están excluidos los varones. Esa exclusión de los hombres asegura el monopolio de las mujeres en los salones de belleza. Son centros productivos: atraen el 12 % de los ingresos de las mujeres, sin importar su nivel salarial. Las mujeres dominicanas no quieren perder el control de ese 12 % ni de lo que ocurre en el mundo tal como lo interpretan las mujeres.

2) En nuestro país la gente habla de “pelo bueno” y “pelo malo” sin darle un sentido racista. Al pelo bueno (alisado) se le llama así porque es fácil de manejar; al malo se le designa de esa manera porque es difícil de manejar. Al hablar así, los dominicanos de hoy no hacen un juicio racista ni lo asocian con los africano o lo haitiano, aunque no niegan que puede haber también un sentido racial en sus palabras. Pero Murray y Ortiz no enfatizan esta ambigüedad, más bien la soslayan.

3) Contrario a lo que ordinariamente se afirma de que el dominicano se llama a sí mismo “indio” para negar sus raíces africanas, estos autores afirman que hoy por hoy la palabra “indio” se refiere solo a un color, no a una raza. (Ese color es el preferido por los hombres dominicanos, a quienes les encanta referirse a la “india canela”).

4) Las dominicanas que se alisan el pelo, lo hacen no porque quieran blanquearse, sino por preferencia estética, no racial. Van al salón para salir bonitas, no blancas. La dictadura de la piel blanca ha sido reemplazada por la dictadura estética: la del pelo lacio. República Dominicana vive, voluntaria y libremente, bajo la dictadura del pelo lacio o, si se quiere, del “pelo muerto”.

El libro de Murray y Ortiz no hila tan fino como el de Candelario, pero ofrece una visión de la transformación que, según ellos, ha ocurrido en el país en relación con el entendimiento y vivencia del “pelo bueno” y del “pelo malo”.

Yo vería como fructífero un diálogo abierto entre Murray-Ortiz y Candelario. Entretanto, seguirá imperando la dictadura del “pelo bueno”, el preferido de las dominicanas y los dominicanos. El “pelo bueno” gana en todas las elecciones. Ganará también en las que se avecinan. Independientemente del “camino bueno” o del “camino malo” que nos espera e independientemente de lo que interpreten los investigadores, seguirá la dictadura del “pelo bueno”.

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2 comentarios
  1. Leo Theuwissen permalink

    Hola Carlos, aprecio tu presentación de pelo bueno y pelo malo…y tu propuesta de un dialogo entre los diferentes estudiosos del fenómeno…
    Tal vez podemos hacer otra propuesta “de relajo”…un estudio, o un sondeo…. para saber como el pueblo considera el pelo de los politicos candidatos a presidencia : ¿quienes tienen el pelo mejor? los candidatos del PLD o los del PRD…Me gustaría que la mulatona que hace sondeos para Julito Hazim haga esa pregunta una vez en el campo y en diferentes sectores de las ciudades….
    Tal vez dirá algo adicional para el estudio de Murray-Ortiz o de Candelario en N.Y.
    Te felicito por tu resumen, lo encuentro muy acertado.
    Leo

  2. edissanchez permalink

    Muy buenos, aunque un tanto diferentes, estos enfoques acerca de este tema, cuya presencia se refleja en la educación escolar temprana, donde unos de los libros(Nacho, creo aunque no estoy muy seguro), presenta a la lección de “PAPA”(nada que ver con el candidato), una de las primeras que aprenden los niños dominicanos, en esta se presenta un padre de una familia, que lejos de parecer un padre dominicano, aparenta al cabeza de una familia mas bien francesa, con naris aguileña, piel blanca y “pelo bueno”.

    Me percaté de esta situación una vez que mi hermano que vivía en NY, me pidió un libro en español, que reflejara lo que se enseña en la escuela básica dominicana para su pequeña hija, por lo que decidí enviarle un Nacho(creo) que es lo que se usa o usaba y entonces vi la situación antes dicha.

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